MARÍA SANTÍSIMA DE ARACELI REGRESA A SU SANTUARIO

Las campanas de la parroquia de San Mateo repicaban a las siete de la mañana anunciando el inicio de la misa de romeros, preludio de la romería de despedida de María Santísima de Araceli. 

En el interior del templo, el vicario parroquial de San Mateo, David Matamala Manosalvas, iniciaba la eucaristía que, un año más, ha contado con el acompañamiento musical del Coro de la Buena Gente. Los santeros de la Cofradía del Stmo. Cristo del Amor y María Stma. de la Paz, aviados por su hermano mayor y manijero de la Virgen en la subida, José Luis Crespillo Guardeño, participaban en la eucaristía a la que asistieron la Aracelitana Mayor, Elvira Cruces Vera, y su Corte de Honor, así como el alcalde de Lucena y la corporación municipal, el juez decano de los juzgados de Lucena, y las autoridades civiles y religiosas.

Tras la despedida realizada por el vicario, los santeros tomaron a hombros a la Patrona de Lucena e iniciaron el camino por la nave central de la parroquia llevando a la Virgen de Araceli hasta la puerta que cruzaba bajo el estruendo de cohetes que anunciaban que la Patrona iniciaba el regreso a su ermita entre cantos, fandangos y vítores de los fieles y devotos de la advocación aracelitana.

Al llegar al Hospital de San Juan de Dios, el manijero de la patrona giraba la imagen de la Virgen hacia los abuelos que esperaban la llegada de la Patrona para despedirse de ella. Las últimas notas del fandango que Antonio Nieto cantaba a la Madre retomaban el camino hacia el Santuario que se detuvo a las diez de la mañana en la puerta de la mina donde la Virgen volvía la mirada hacia su pueblo para decirle el último adiós.

Al pasar la glorieta de la carretera del Santuario el pueblo cogía a hombros a la virgen hasta llegar a la primera Cruz donde los santeros volvieron a tomar a la Virgen para rezar la Salva a la Patrona. Finalizado el rezo el pueblo volvería a tomar a su Madre llevándola hasta la explanada del Santuario donde los santeros se echaron al hombro a la madre para, en un horquilla, subir la última cuesta llevando así a María Santísima de Araceli hasta el interior de su Real Santuario cuando pasaba media hora de las doce.

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