1948 - Coronación Pontificia de María Santísima de Araceli

En noviembre de 1932 se iniciaron las gestiones para proceder a la elaboración de las dos coronas que ceñirían las sagradas sienes de la Virgen de Araceli y de su Amado Hijo, empleándose en su ejecución joyas y dinero recogidos por la Junta pro-coronación, constituida en 1924. En enero del año siguiente el capellán de la Obra Pía, expuso el proyecto al prelado de la diócesis, don Adolfo Pérez Muñoz. Además, solicitaba al Obispo se pudiesen emplear algunas piezas del joyero de la Virgen para aumentar la riqueza de dichas coronas.

Tras varias gestiones en Córdoba, en mayo de 1933 se inician contactos con el prestigioso orfebre sevillano don Cayetano González. Después de consultar informes de carácter artístico y personaren julio presenta dos diseños de corona. Acordada la elección, el costo de la hechura de las dos coronas sería de 14.000 pesetas, de las que se entregaban 3.000 a la firma del contrato, y las restantes dos terceras partes conforme lo fuera requiriendo el artífice; recibiendo este la última suma a la conclusión y entrega de las obras, lo que debía realizarse en Lucena el 31 de marzo de 1934. 

El trabajo, casi concluido, hubo de realizarse de nuevo, esta vez, de manos del propio artista, pues algunos operarios de su taller habían saboteado las coronas. Sería el 2 de septiembre de 1934 cuando el orfebre entregara las coronas totalmente terminadas para satisfacción de los contratantes.

El día 30 del mismo mes, el clero secular y regular y un buen número de fieles suscribían una instancia elevada al Ayuntamiento en la que hacían patente el deseo de coronar canónicamente a la Patrona de la ciudad. En relación con el atuendo que se pensaba, había de llevar Nuestra Señora en el momento de la Coronación, era prácticamente unánime el sentir de que había de ser blanco, bordado en oro, a juego con el vestido que la Virgen estrenó en 1887.

Las circunstancias políticas de la época republicana, la Guerra Civil y sus consecuencias socioeconómicas impidieron el progreso hacia su logro de la idea de la Coronación Canónica de María Santísima de Araceli. Fue necesario esperar hasta el 23 de marzo de 1943 para que el entonces alcalde don Francisco Moreno Güez, retomando oficialmente el proyecto de la coronación canónica de la Patrona, presentó una moción al Ayuntamiento en este sentido, que la Corporación aprobó de manera unánime.

Sin embargo, el fallecimiento del prelado Pérez Muñoz dio lugar a una nueva detención en el tema. No obstante, el proyecto vino a contar con dos importantes valedores: el nuevo alcalde de la ciudad, don Antonio Delgado Sánchez, y el Rvdo. fray Albino González, recién elegido prelado de la diócesis. en quien hallaron inmediato eco las instancias a él elevadas.

El 28 de octubre de 1946, por vía de urgencia, la Corporación municipal atendía la propuesta de su presidente, el referido Sr. Delgado Sánchez, para proseguir las instancias tendentes a coronar a María Santísima de Araceli "cuya Moción se sirvió aprobar por unanimidad el Ayuntamiento Pleno en la sesión referida".

La acción del obispo fue inmediata y eficaz. El 22 de enero de 1947 presentaba en Madrid al Nuncio de Su Santidad, la documentación necesaria para el trámite. Las gestiones se encauzaron a través del cardenal Tedeschini, arcipreste de San Pedro, antiguo amigo del obispo de Córdoba. El 7 de marzo de 1947 se firmaba en Roma el breve pontificio de la Coronación de Nuestra Señora.


El día 2 de mayo de 1948, día de la Coronación, a las diez de la mañana se concelebraba un solemnísimo pontifical, en el que ofició el excelentísimo y reverendísimo arzobispo de Granada doctor don Balbino Santos Oliveira, contando en la presidencia con el Emmo. y Rvdmo. Cardenal Dr. D. Pedro Segura Sáez, arzobispo de Sevilla, asistido por los muy ilustres señores D. José Padilla Jiménez, deán de la S.I.C. de Córdoba y don Félix Romero Mengíbar, canónigo magistral. 

También concelebraban los prelados de Granada, Jaén, Cádiz y Córdoba. En un lugar preferente estaba el Excmo. Sr. Ministro de Agricultura, D. Carlos Rein, representando al Jefe del Estado en la ceremonia de la Coronación. Intervino en la celebración el Coro Easo, de San Sebastián, interpretando brillantemente la Misa de Bartolomeus, a cuatro voces, dirigida por el Maestro de Capilla de la Catedral de Sevilla don Norberto Almandoz. Al final cantó el himno a la Virgen de Araceli, dirigido por el maestro Ángel Galarza, director del coro y acompañado al piano por su propio compositor D. Luis de Aramburu.

Terminada la función religiosa, se organizó una procesión para conducir la imagen de la Virgen de Araceli al lugar donde había de ser coronada. Abría la marcha la cruz parroquial, a la que seguían los miembros de la Cofradía de la Virgen, clero regular y secular. 

A continuación iba el trono de María Santísima de Araceli, llevado a hombros por componentes de la Junta de la Coronación. Detrás seguía su eminencia el cardenal Segura y los prelados de Granada, Dr. Santos Oliveira; de Cádiz, Dr. Gutiérrez; de Jaén, Dr. García de Castro; y de Córdoba, Dr. Fray Albino González, y cerrando el desfile las primeras autoridades.

La corona de oro de la Virgen era portada en una bandeja por el Alcalde de la ciudad, D. José de Mora, y la del Niño Jesús, que lleva en brazos Nuestra Señora de Araceli, era llevada por el Excmo. Sr. Gobernador Civil  de Córdoba D. Alfonso Orti Meléndez-Valdés.

El cardenal Segura y el ministro de Agricultura, subieron a una plataforma superior. Primero, el ministro ofreció a Su Eminencia la corona del Niño Jesús, del mismo estilo y características, aunque de tamaño más reducido al de la Virgen y el Cardenal se la impuso. Acto seguido colocó sobre la frente de la Virgen de Araceli la hermosísima corona. El instante fue de extraordinaria emoción que no pudo disminuir la lluvia, al tiempo que la Banda de Música del Regimiento de Infantería interpretaba el Himno nacional y las campanas eran echadas al vuelo. Fue la primera Coronación Canónica en la diócesis cordobesa.

El 29 de mayo de 1954, a petición de la Hermandad de Labradores, en el Santuario de Nuestra Señora, fray Albino Menéndez-Reigada, obispo de Córdoba, proclamó ante una multitud de aracelitanos venidos desde todos los puntos de Andalucía, Patrona del Campo Andaluz a María Santísima de Araceli.