Los mantos de la Virgen

Foto: Joaquín Ferrer
Foto: Joaquín Ferrer
Foto: Jesús Ruiz "Gitanito"
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Foto: Jesús Ruiz "Gitanito"
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Foto: Joaquín Ferrer
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Los mantos de la Virgen tienen  un simbolismo y un significado especial. Son  sin duda una gran expresión de la devoción existente por esta bendita Imagen a lo largo de los últimos cuatro siglos y medio. Los mantos más antiguos son donaciones particulares que recogen las emociones y sentimientos de los donantes, sus ilusiones, sus anhelos, sus preocupaciones y sus agradecimientos. Por las mismas causas, los hermanos de la Virgen o los distintos capellanes y hermanos mayores han alentado proyectos de realización de mantos. Por tanto, la finalidad de los mantos ha sido la de ornamentar la Imagen de Nuestra Señora como expresión de amor, devoción y acción de gracias. En la Casa de la Virgen se recoge una muestra de los más antiguos y valiosos, pasando por algunos que no se usan por su deterioro aunque tengan poco más de un siglo.

Los colores de los mantos, con frecuencia, son los colores litúrgicos: blanco durante el tiempo de Pascua; verde durante el llamado tiempo ordinario, especialmente en la Ofrenda de Frutos del Campo Andaluz, morado en tiempo de  Cuaresma y azul para  la Inmaculada y fiestas marianas como la Asunción. El color rojo, litúrgicamente se  usa  para  las memorias y fiestas de los santos mártires, aunque en este caso el uso está reservado a las fiestas de mayo. 

La colocación del manto ha ido variando desde sus orígenes. Antiguamente se colocaban a la Virgen mantos denominados de camarín, muy cortos, que no tapaban el precioso trono tallado de Pedro de Mena en que se encuentra en su recinto serrano, pero con el tiempo, se fue prolongando la cola de éstos, usándose tanto en la procesión como en su altar. Históricamente se solía estrenar un manto con motivo de algún acontecimiento relevante, de esta forma encontramos un manto carmesí coincidente con la inauguración del Sagrario de San Mateo (1772), otro con la celebración de la declaración del Patronazgo Oficial de la Virgen sobre Lucena (1851), por la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción (1854), con motivo de su Coronación Canónica (1948), con motivo del Cincuentenario de dicha Coronación (1998) o bien en 2012 por la celebración del Año Jubilar Aracelitano.

Además de numerosos mantos de camarín y otros con las dimensiones apropiadas al trono de romerías de Nuestra Señora, algunos de gran valor histórico y artístico, cuenta el ajuar de la Virgen con cinco grandes y ricos mantos con sus correspondientes faldas, corpiños, vestiditos para el Niño y juegos de bambalinas y techos de palio del mismo color. El más antiguo es el manto verde, confeccionado hacia 1890 en el taller valenciano de don Mariano Garín. Es un manto de estilo romántico en el que destacan dos preciosos jarrones de azucenas. Fue restaurado y traspasado en 2007 a un nuevo terciopelo; momento en el que se confecciona un nuevo techo de palio y unas bambalinas de malla calada a juego.

En 1896 se realiza el manto rojo, en los talleres Silva de Sevilla. Es un manto de diseño asimétrico que incluye el escudo de la ciudad de Lucena. Este manto fue adaptado a las nuevas dimensiones del trono de la Virgen en 1973, año en que se añadió a su escudo el tercer cuartel con la azucena, símbolo de la Virgen.

Para el acto de la Coronación Canónica de María Santísima de Araceli, la madre Carmelo, monja carmelita descalza del convento de San José de nuestra ciudad, había elaborado en 1930 el manto blanco, momento en que fue estrenado quedando deteriorado a causa de la lluvia, por lo que hubo de ser pasado a un nuevo terciopelo en 1948. Es un manto entrañable para los devotos aracelitanos y también contiene el escudo de Lucena.

Don Antonio Sánchez Pérez, un lucentino afincado en Écija, bordó en 1987  el manto azul, de grandes dimensiones, que incluye el anagrama de María en el centro. Está confeccionado con una técnica distinta a los anteriores.

En 1998, con motivo del Cincuentenario de la Coronación Canónica de María Santísima de Araceli, don Antonio Muñoz realizó en Córdoba el manto rosa. Este manto está bordado en oro y sedas de colores.

Tres mantos más, con sus correspondientes faldas y vestidos del Niño, vinieron a engrosar el ajuar de Nuestra Señora con motivo del Año Jubilar Aracelitano del 450 Aniversario.

En el traslado desde la parroquia de Santiago hasta el convento de Madres Carmelitas Descalzas, que tuvo lugar el 25 de abril de 2012, lució la Virgen un antiguo manto que había sido restaurado en el sevillano taller de don Mariano Martín Santonja y que en 1955 fue regalo de la Corporación Municipal. Este manto está bordado en sedas de colores sobre terciopelo rosa.

El 22 de mayo del mismo año se bendecía un manto rojo de tamaño de camarín bordado en oro realizado íntegramente por el Taller de María de la propia archicofradía,  que la Virgen luciría al día siguiente con motivo de su traslado procesional desde la parroquia de san Mateo hasta la de la Sagrada Familia.

Por último, el 25 de mayo, era bendecido en la parroquia de la Sagrada Familia de Lucena un nuevo manto de camarín para nuestra Señora en color azul y bordado en oro por el Taller de María y la señora doña Pilar Rodríguez que se estrenó al día siguiente en el traslado de la Virgen desde aquella parroquia hasta la de san Mateo.