Las vestiduras de la Virgen

Foto: Jesús Ruiz "Gitanito"
Foto: Jesús Ruiz "Gitanito"

La hermosa imagen de la Santísima Virgen de Araceli es de talla completa y está realizada en madera de ciprés. Originalmente fue concebida sin Niño y en actitud orante, supuestamente, con las manos juntas sobre el pecho. Muestra el aspecto de una joven mujer de largo cuello y majestuoso porte, vestida con túnica carmesí de alto talle, que cae en pliegues que se rompen al tocar el cielo de nubes en el que se apoya y que cinco querubines, desplegando sus alas, sostienen.

A comienzos del siglo XVII, entre las señoras de la nobleza se impuso la moda del manto, saya o falda y corpiño. Fue entonces cuando se generalizó la costumbre de vestir las imágenes de culto, convirtiéndose este atuendo en tradicional para las tallas de Virgen, que además de las piezas expuestas, también se aderezaban con el uso de guarda rostro o rostrillo, toca y encajes varios para componer la figura, vuelos de puños, llamados popularmente “puñetas”, de pasamanería y manto, normalmente más corto en el altar o camarín, y un poco más largo en las procesiones públicas. 

El lógico paso del tiempo fue cambiando tanto los materiales con que se confeccionaron las vestiduras como las formas. En la Casa de la Virgen puede observarse claramente esta evolución; primeramente los rostrillos son de encaje para poco a poco ir complicándose en filigrana de plata hasta llegar al magnífico  rostrillo de gala, pieza insigne de platería. En los vestidos se usan ricas telas, venidas de distantes lugares, rasos de seda con  finos encajes de bolillo, telas  adamascadas de gran riqueza, gasa o tisú. Del siglo XVIII conserva la Virgen varios ternos completos, tales como el de seda carmesí, bordado al estilo cordobés y donado por la duquesa de Medinaceli hacia 1772, o el manto y saya de tisú que combina hilos de plata dorada y sedas con guarnición a base de randas de encaje de bolillo de plata  dorada, de finales del mismo  siglo.  En algunos  casos los trajes  nupciales o de fiestas de las señoras de la alta sociedad se transformaban en mantos y faldas para la Virgen, tal es el caso de un conjunto bordado sobre seda cruda con hilo, regalo de doña Carmen Chacón Valdecañas.


Foto: Luis Burgos
Foto: Luis Burgos
Foto: Jesús Ruiz "Gitanito"
Foto: Jesús Ruiz "Gitanito"

Es característico en la Virgen de Araceli el uso de joyas, más o menos valiosas, que hablan de su devoción popular, y los atributos de realeza virginal: cetro en su mano diestra y corona sobre sus benditas sienes. En el primer grabado que la iconografía aracelitana conserva y que puede ser datado entre 1791 y 1795, ya aparece la imagen de la Virgen adornada con todas las piezas relacionadas.

El uso de la media luna a las plantas de la Virgen es un atributo inmaculista que se introdujo a lo largo del siglo XVII, en que se empieza a representar a la Virgen “la mujer vestida de sol del Apocalipsis” sobre una media luna. Fue precisamente en 1681 cuando el platero José Basurto realizó la magnífica media  luna de plata con que todavía baja desde el Santuario.

En 1955, la Santísima Virgen es nombrada Alcaldesa Honoraria y Perpetua de la ciudad, motivo por el cual se deja caer sobre su falda la vara de regir como primera autoridad, así como la medalla de oro de la ciudad de Lucena.

La otra forma de vestir a la Virgen, actualmente en su romería  de Bajada y durante las fiestas de Navidad es el conocido como “traje de pastora”, aunque más bien corresponde al modelo propio de un traje de camino, cercano a la vestimenta más modesta que las señoras empleaban en sus viajes. A pesar de esto, quizás contribuyeran a la deformación de ese traje original, más en su nomenclatura que otra cosa, las misiones populares de  los frailes capuchinos a fines del siglo XVIII en Lucena, dirigidas  por  el beato fray Diego José de Cádiz. Ellos llevaron a buena parte de Andalucía la devoción a la Divina Pastora con su atuendo característico.

El primer grabado que se conserva con Nuestra Señora de Araceli ataviada con este traje de pastora fue encargado por la baronesa de Graciarreal en acción de gracias por el final de la epidemia de peste de 1800. En dicho grabado queda constancia de que vestida de esa manera volvió la Virgen hasta su Santuario el 26 de septiembre de 1802.   Lucía entonces casaca y falda de amplios vuelos  adornada con  encajes y flecos. Hoy cuenta la Virgen con varios trajes de Pastora entre los que destaca el verde bordado por el “Taller de María” de la Archicofradía en 2002.

Foto: Joaquín Ferrer
Foto: Joaquín Ferrer