La Real Archicofradía

Tras la llegada de la imagen de María Santísima de Araceli a Lucena en el año 1562, la devoción arraigó con fuerza entre el pueblo, dando origen a una historia marcada por la fe, la tradición y el vínculo espiritual con la Sierra de Aras. Aunque el primer testimonio documental corresponde al acta municipal del 27 de abril de ese mismo año, en la que se acuerda preparar los recibimientos para Nuestra Señora, ya en 1563, según algunos historiadores, se habría constituido la Cofradía, celebrando desde entonces la festividad en el Santuario el primer domingo de mayo, una costumbre que permanece viva hasta nuestros días.

La advocación de Ara Coeli, “Altar del Cielo”, se extendió rápidamente por toda la comarca. El creciente número de devotos y peregrinos impulsó, hacia el año 1600, la construcción de un templo más amplio que sustituyera a la primitiva ermita, reflejo del aumento constante de la devoción popular.

El reconocimiento eclesiástico no tardó en llegar. En 1613, Su Santidad el papa Paulo V concedió la primera bula de indulgencias a los cofrades de Nuestra Señora de Araceli, indulgencias que serían ratificadas y ampliadas posteriormente en 1668 por el papa Clemente IX. Durante el siglo XVII, la Hermandad vivió un importante resurgimiento, evidenciado tanto en la consolidación del culto en el Santuario como en la construcción del Vía Crucis de piedra que asciende desde la Primera Cruz hasta la cumbre. Asimismo, desde 1629 se estableció una capellanía fija para atender los cultos y organizar la vida religiosa del lugar.

El fallecimiento del hermano mayor don Antonio Curado de Velasco en 1672 marcó el inicio de una etapa de intervención municipal en el gobierno de la Cofradía, ratificada en 1674 por el duque de Medinaceli, patrono del Santuario. Durante cerca de un siglo, la Hermandad se desenvolvió bajo un modelo de gobierno influido por el Ayuntamiento y el capellán.

En 1773, el aumento del fervor y el deseo de muchos fieles por pertenecer a la Cofradía permitió ampliar el número de hermanos y regularizar su situación. Ese mismo año se estrenó el estandarte que aún se conserva, y a finales del siglo XVIII se reformaron las ordenanzas para mejorar la administración del Santuario. Finalmente, en el siglo XIX, la Hermandad se sostuvo sobre la devoción popular y la organización interna, logrando en 1851 la ratificación oficial del patronazgo de la Virgen de Araceli sobre la ciudad de Lucena.

1962: Año Jubilar Aracelitano del IV Centenario

El 13 de enero de 1962, la Junta de Gobierno de la Cofradía se trasladó a Córdoba para entrevistarse con el obispo diocesano, Monseñor Fernández-Conde y García del Rebollar, con el fin de iniciar los preparativos del IV Centenario de la llegada de la Virgen de Araceli. El prelado aceptó presidir la Junta Ejecutiva Pro-Centenario y marcó como prioridad el carácter espiritual del acontecimiento, orientado al apostolado y la caridad.

El 21 de febrero de 1962, Monseñor visitó Lucena para constituir oficialmente la Junta del IV Centenario y anunció la concesión, por el papa Juan XXIII, de un Año Jubilar para Lucena y la diócesis de Córdoba, desde el 25 de abril de 1962 hasta el 25 de abril de 1963, incluyendo indulgencias y privilegios litúrgicos.

La Virgen bajó a Lucena el 22 de abril y el día 24 se proclamó solemnemente el Año Jubilar en la parroquia de San Mateo. Durante los días siguientes, la imagen realizó visitas a diversas parroquias y barrios, celebrándose actos multitudinarios, misas de campaña y encuentros devocionales. También se desarrollaron las Fiestas Aracelitanas, destacando una exposición de arte sacro local en el convento franciscano.

El día principal se celebró un pontifical presidido por el cardenal de Sevilla, José María Bueno Monreal, en el que se leyó un mensaje del papa Juan XXIII. Se desarrolló una novena predicada por destacadas figuras eclesiásticas y, posteriormente, nuevas visitas de la Virgen a conventos, asilos y parroquias.

Entre los actos más relevantes destacaron una Primera Comunión multitudinaria, una vigilia diocesana de adoración nocturna, la bendición de los campos y una intensa semana sacerdotal con numerosas ordenaciones.

El 24 de junio de 1962 la Virgen regresó al Santuario. Tras un año de peregrinaciones, volvió nuevamente a Lucena en abril de 1963, clausurándose oficialmente el Año Jubilar el día 28 con la presencia del Nuncio Apostólico.

2012: Año Jubilar 450 aniversario

Sentido espiritual del Jubileo

En la tradición católica, el jubileo es un gran acontecimiento religioso: un tiempo de gracia, reconciliación y conversión. Es el año del perdón y de la esperanza, una invitación a renovar la fe y a vivir con mayor solidaridad y compromiso cristiano.

Más que “ganar” el jubileo, se trata de celebrarlo interiormente: asumir el propósito de ser mejores, más generosos y responsables, restaurando nuestras relaciones y contribuyendo a construir una sociedad más justa y fraterna. Como recuerda la encíclica Redemptoris Missio, todos los bautizados participan en la misión de la Iglesia, ya sea mediante la cooperación espiritual, material o la animación misionera.

Un proyecto social con vocación misionera

Con motivo del 450 Aniversario, la Archicofradía asumió un proyecto social concreto vinculado a la misión diocesana en Perú, donde los sacerdotes cordobeses don Leopoldo Rivero y don Juan Ropero atienden la extensa parroquia del Perpetuo Socorro, en una zona de gran pobreza y dispersión poblacional.

La realidad de muchos jóvenes es especialmente dura: abandono, falta de formación, precariedad económica y desestructuración familiar. Ante esta situación, y con el consentimiento del obispo de Córdoba, la Archicofradía decidió impulsar la construcción de un hogar de acogida para jóvenes necesitados, que llevaría el nombre de Nuestra Señora de Araceli.

Solidaridad y compromiso

El proyecto social del 450 Aniversario no se concibe como una acción puntual, sino como una expresión concreta del espíritu jubilar. La construcción del hogar “Nuestra Señora de Araceli” en tierras peruanas representa el deseo de transformar la celebración en caridad activa, llevando la devoción aracelitana más allá de nuestras fronteras.

La iniciativa nace del contacto directo con la realidad misionera de la diócesis de Córdoba en Perú, donde numerosos jóvenes viven en condiciones de vulnerabilidad, sin acceso adecuado a formación, estabilidad familiar o acompañamiento humano. El hogar pretende ofrecer un espacio seguro donde puedan recibir apoyo educativo, orientación personal y formación cristiana, ayudándoles a construir un futuro más digno.

La financiación del proyecto se sustenta en la colaboración de fieles, devotos y peregrinos que, al acudir al Santuario para ganar el Jubileo, aportan sus donativos con este fin. A ello se suman colectas especiales y diversas actividades solidarias organizadas por la Archicofradía, como representaciones teatrales, almuerzos benéficos y campañas de sensibilización.

De este modo, el Año Jubilar se convierte en una ocasión privilegiada para renovar el compromiso cristiano con los más necesitados. La casa hogar no será solo un edificio, sino un signo visible de esperanza, una prolongación del amor de María Santísima de Araceli hacia quienes más lo necesitan, y un testimonio vivo de que la fe celebrada se traduce en obras concretas de justicia y misericordia.

GALERÍAS

El año Jubilar 450 aniversario nos dejó grandes momentos: las romerías, traslados extraordinarios y procesiones.

DISEÑO GRÁFICO

Carteles, pancartas y logotipos

ROMERÍAS

 Romerías de bajada y subida

TRASLADOS

Traslados extraordinarios

PROCESIONES

Procesión en su Día y de Gratitud