El Real Santuario Diocesano de Aras

 

El Real Santuario

A través de una carretera iniciada en 1854 y concluida el 19 de noviembre de 1864, gracias a los donativos del vecindario lucentino, de los propietarios de las tierras y del Ayuntamiento —cuya alcaldía ostentaba don Joaquín Álvarez de Sotomayor— se accede a una amplia explanada mirador. Desde este lugar se contemplan tierras de cinco provincias andaluzas: Córdoba, Jaén, Granada, Málaga y Sevilla.

Una escalinata conduce al templo, que presenta una sencilla fachada con tres arcadas de medio punto y cierres de forja. A la izquierda del atrio se levanta una espadaña angular de sillería y mampostería, construida en 1726 por Andrés Antonio del Pino.
El acceso principal se realiza a través de una portada de jaspes polícromos rojos, blancos y negros, obra de Martín de Rojas (1765).

Arquitectura del templo

La construcción actual —la segunda, pues la primitiva fue demolida— data del año 1600. Presenta planta basilical de tres naves, con cuatro intercolumnios y crucero inscrito.

Arcos de medio punto apoyados en columnas dóricas de jaspe separan la nave central, de mayor altura, de las laterales. En las enjutas de los arcos aparecen tondos con representaciones de los Padres de la Iglesia, san Buenaventura y santo Tomás.

Las cubiertas están formadas por bóvedas de cañón, destacando la central, decorada en azul, blanco y dorado, con motivos florales y angelotes barrocos.

Sobre el cancel de entrada se sitúa el coro con balaustrada de madera, extendido a lo ancho de la nave central. En el primer intercolumnio se encuentran dos pequeños retablos dieciochescos dedicados a la Virgen del Rosario y la Virgen del Sol. Dos grandes conchas procedentes del archipiélago filipino sirven como benditeras.

El crucero y su decoración

Separando la nave central del crucero se encuentra una reja de bronce realizada en 1746 por el artesano lucentino Antonio García, fundida con metal procedente de cañones del castillo de Aguilar.

La cúpula del crucero, de media naranja sobre pechinas, constituye uno de los conjuntos decorativos más sobresalientes del barroco andaluz. Está ricamente ornamentada con yeserías entalladas, símbolos marianos, angelotes y motivos vegetales en tonos azules, rojos y dorados.

El diseño fue obra de Leonardo A. de Castro Hurtado, y su ejecución correspondió al maestro antequerano Antonio de Rivera en 1722.

El retablo mayor

El retablo mayor, realizado en madera tallada, dorada y policromada, se apoya sobre un basamento de mármol rojo. Destaca por sus columnas salomónicas decoradas con pámpanos y racimos, que aportan profundidad al conjunto.

El retablo enmarca el acceso al camarín de Nuestra Señora de Araceli. A ambos lados se sitúan dos grandes óleos —La Natividad y la Epifanía— pintados por Leonardo Antonio de Castro (1720).

En 1732 se instalaron en el presbiterio dos retablos laterales dedicados a san José y santa Bárbara, ricamente decorados con talla dorada.

El Camarín de Nuestra Señora de Araceli

Una puerta tallada conduce al Camarín de la Virgen, dividido en dos ámbitos.

En el espacio más antiguo se alza la Imagen de María Santísima de Araceli sobre un trono de madera tallada y dorada con columnas de jaspe, obra del escultor lucentino Pedro de Mena y Gutiérrez.

La bóveda elíptica está decorada con ángeles músicos pintados por Leonardo Antonio de Castro. Las paredes se adornan con sedas, espejos barrocos, relicarios y pinturas marianas.

En las esquinas se conservan reliquias de san Plácido y san Victoriano, donadas por fray Alonso de Jesús Ortega en el siglo XVIII.

La estancia posterior, construida aproximadamente un siglo más tarde, presenta bóveda octogonal y frescos pintados en 1761 por Tomás Ferrer, que representan ejércitos celestiales custodiando a la Virgen.

Capillas y dependencias

En el lado de la epístola se encuentra una capilla penitencial, donde se custodia el Santísimo Sacramento. En ella se veneran las imágenes del Cristo del Perdón (2009), una Inmaculada de principios del siglo XX y san Juan Nepomuceno, restaurado en 2011.

La antesacristía alberga varios lienzos históricos y un busto del presbítero Fernando Ramírez de Luque, gran historiador y devoto aracelitano.

La sacristía, decorada con pinturas religiosas, conserva una cajonera de nogal realizada en 1714 por Martín Luna.

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