Aracoeli: origen de la devoción

En lo más alto del Monte Capitolino de Roma se alza la Basílica de Santa María in Aracoeli. Según la tradición medieval, el emperador Augusto recibió allí la profecía de la Sibila Tiburtina: del cielo descendería el “Rey de los siglos”. En una visión luminosa, la Virgen con el Niño apareció ante él, y una voz proclamó: “Este es el altar del Hijo de Dios”. Augusto mandó erigir en aquel lugar un altar, el Ara Coeli, el Altar del Cielo.

Siglos después, a comienzos de 1562, don Luis Fernández de Córdoba y Pacheco, marqués de Comares y señor de Lucena, quedó profundamente impresionado por la imagen venerada en aquella basílica romana. Decidió encargar una talla bajo la misma advocación: María Santísima de Araceli, “Altar del Cielo”.

La imagen llegó a España por el puerto de Alicante el 12 de abril de 1562. Desde allí inició un largo viaje por tierras levantinas y andaluzas hasta aproximarse a Lucena. Pero, al llegar a la Sierra, una violenta tormenta dispersó a la comitiva. Al día siguiente, el animal que portaba la imagen fue hallado en la cumbre serrana, en el lugar donde hoy se alzan las tres cruces del Vía Crucis.

El hecho fue interpretado como un signo. Allí mismo se abrió la caja y apareció, radiante, la sagrada imagen. En ese punto se decidió levantar el templo.

El 27 de abril de 1562, según acta municipal, Lucena se preparó para recibirla. Esa misma tarde entró en solemne procesión y fue proclamada Patrona y Protectora del pueblo.

Permaneció provisionalmente en la iglesia de Santiago hasta la construcción de la primitiva ermita en la cumbre. Un año después se constituyó la Cofradía, estableciendo la fiesta el primer domingo de mayo, tradición que perdura hasta hoy.

1948:

Coronación Pontificia de María Santísima de Araceli

En noviembre de 1932 comenzaron las gestiones para la elaboración de las coronas destinadas a María Santísima de Araceli y al Niño Jesús, utilizando joyas y donativos reunidos por la Junta Pro-Coronación, creada en 1924. En enero de 1933, el capellán de la Obra Pía presentó el proyecto al obispo de Córdoba, don Adolfo Pérez Muñoz, solicitando autorización para emplear algunas piezas del joyero de la Virgen y enriquecer así las coronas.

En mayo de 1933 se iniciaron contactos con el prestigioso orfebre sevillano Cayetano González, quien presentó dos diseños en julio. Elegido el modelo definitivo, se acordó un coste total de 14.000 pesetas, con pagos fraccionados y entrega prevista para marzo de 1934. Sin embargo, el trabajo tuvo que repetirse debido al sabotaje cometido por algunos operarios del taller. Finalmente, el 2 de septiembre de 1934 el orfebre entregó las coronas terminadas.

El 30 de septiembre de ese mismo año, el clero y numerosos fieles elevaron una instancia al Ayuntamiento expresando su deseo de coronar canónicamente a la Patrona. Se consideró además que la Virgen debía vestir de blanco bordado en oro, a juego con el traje estrenado en 1887.

Las circunstancias políticas de la Segunda República, la Guerra Civil y la situación posterior retrasaron el proyecto durante años. No fue hasta marzo de 1943 cuando el alcalde don Francisco Moreno Güez retomó oficialmente la iniciativa, aprobada por unanimidad. Tras la muerte del obispo Pérez Muñoz, el proyecto recibió nuevo impulso gracias al alcalde don Antonio Delgado Sánchez y al prelado fray Albino González. En enero de 1947 se presentó la documentación al Nuncio de Su Santidad y el 7 de marzo de ese año se firmó en Roma el breve pontificio autorizando la Coronación.

El 2 de mayo de 1948 se celebró el solemne pontifical y la posterior procesión, culminando con la imposición de las coronas por el cardenal Pedro Segura. Fue la primera Coronación Canónica en la diócesis cordobesa. En 1954, María Santísima de Araceli fue proclamada Patrona del Campo Andaluz.